PRIMERO DE MAYO: RECUPERAR E INTENSIFICAR LA MOVILIZACIÓN DE LA CLASE TRABAJADORA

cartel1demayoALMERÍAOtro año más en primero de mayo. Pero este año, así como los 5 últimos años, lo que simboliza el primero de mayo cada vez más adquiere una importancia vital para la clase trabajadora. La lucha por los derechos, garantías y dignidad de la gente trabajadora es hoy mucho más importante que ayer, y lo es porque partimos de más atrás. En algunos casos esa lucha se realiza en términos de supervivencia. El ataque a los salarios nominales ha producido un descenso de la masa salarial del 7% según el INE, cifra que el Banco de España tilda de conservadora, lo que hace que otras fuentes la sitúen en el 12% A esto hay que sumar que gran parte de las personas con edad de trabajar (más del 25%) se encuentra en situación de paro, y que más de un millón de familias no tengan ya a ningún miembro con ingresos. Los componentes de “pago en especias” que forman parte del salario (diferido), también se han visto drásticamente recortados: sanidad, educación y pensiones públicas. Mientras tanto, el número de ricos aumenta, así como la venta de artículos de lujo. También aumentan, respecto a años anteriores, los beneficios de las empresas del Ibex 35. Según el informe sobre pobreza de Cáritas del año pasado, “no existen precedentes previos de un aumento de la desigualdad social tan grande en un intervalo temporal tan breve”. Cada vez es más patente qué clases sociales somos las que estamos pagando el dinero perdido por el capital financiero cuando estalló la burbuja inmobiliaria: no lo están pagando quienes lo arriesgaron, sino los trabajadores y las trabajadoras. Además, las reformas laborales de Zapatero y de Rajoy hacen de los derechos laborales y de su reclamación agua de borrajas, siendo en muchos casos la jornada de 40 horas semanales, conquistada hace algo más de un siglo, un deseo demasiado generalizado en cada vez más sectores de personas asalariadas.

Sin embargo, este último año, lejos de suponer un repunte de la movilización social que refleje el malestar de la mayoría trabajadora, dicha movilización ha dado signos de debilitamiento. No es fácil analizar el origen de este hecho, máxime cuando ocurre en un momento en que las condiciones objetivas que empujan a las clases populares a la lucha social se hacen aún más grandes. Las respuestas, por tanto, habrá que buscarlas en las condiciones subjetivas. Por señalar algunas: este ha sido y es un año eminentemente electoral y con algunos cambios en el panorama político partidario. Podemos nació el año pasado y este es el año en que concurre a las elecciones municipales, autonómicas y estatales. Una dura prueba para una organización tan joven. En Podemos ha cristalizado la esperanza de gran parte de sectores populares, lo que ha hecho que muchos de los activistas sociales que se habían curtido en el último periodo de movilización se retiren de la calle para construir partido. Además, la propia esperanza en la vía electoral-institucional de una parte de la población, instigada también por miembros de la dirección de Podemos, supone un freno en la movilización y auto-organización de los propios movimientos que habían nacido de las clases populares para dar respuesta a la situación de injusticia social y de abandono que se estaba percibiendo. Paradójicamente, la aparición en positivo de Podemos puede suponer un freno a la movilización, sin la cual el propio Podemos no hubiera nacido. Desde el 2011, el ciclo de agitación social hizo que el consenso de las clases populares se situara en lugares donde consignas hasta ese momento marginales, tales como prohibición de despidos en empresas con beneficios, nacionalización de la banca y sectores estratégicos, aumento del SMI, etc. fueran comprensibles por un audiencia cada vez mayor. Además, dicho proceso hizo de la auto-organización de los y las de abajo un procedimiento normal para hacer frente a las problemáticas comunes: 15-M, stop desahucios, mareas, etc.
Es preciso, por tanto, seguir trabajando en los sindicatos, en los movimientos anti-desahucios, en las mareas, etc. y hacer de la movilización sostenida el lugar donde además de virar las condiciones subjetivas de la mayoría social hacia posiciones favorables para la clase trabajadora, seamos capaces de aprender cómo peleamos conjuntamente contra el enemigo común, o lo que es lo mismo: cómo somos nosotros y nosotras quienes ponemos soluciones políticas que pongan en tela de juicio el actual reparto de la riqueza. Ser protagonistas activos y no esperar pasivamente a la llegada de un nuevo Mesías.
Se prevé una Huelga General para el próximo otoño. Hacer de ella un éxito, y evitar que nuevamente ese día se convierta en una fecha asilada con la que las burocracias sindicales cubran expediente, es tarea de todos los trabajadores y trabajadoras. Ello requiere: calentar la jornada de huelga aún antes de la huelga misma, pugnar por comités de huelga abiertos en los que sean los y las trabajadoras en asamblea quienes decidan sobre la continuidad o no de la misma y que sea ahí donde se forje una verdadera unidad sindical, planificar balances de continuidad tras la jornada de huelga, … y sobre todo, que el día del paro sea todo un éxito, y que demuestre que quienes producen no son quienes poseen los medios para producir. Quienes produjeron todo lo que hoy nos rodea, lo producimos y lo seguiremos produciendo fuimos y seguimos siendo el pueblo trabajador: ¡Que viva el primero de mayo y que viva la lucha de la clase obrera!
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